Canta un pájaro no sé dónde Debe ser tu alma siempre en vela Que entre los soldados se esconde Su canto me encanta y desvela Escucha canta tiernamente No sé desde qué rama canta Mas noche y día eternamente Semana y domingo me encanta Qué decir del pájaro que ama Su transformación milagrosa Del alma que canta en la rama De amor en cielo y cielo en rosa Ave del soldado es amor y es mi amor una hermosa niña La rosa es menos bella y por Mí solo el pájaro azul trina Ave azul como el corazón Azul que entre mi pecho llora Haz que oiga tu dulce canción La funesta ametralladora Que restalla en la lejanía Siembran astros con su canción? Va así la noche va así el día Amor azul como mi corazón
Había pensado entonces volver, abrir puertas y ventanas, salir del agujero de ladrillo, caminar por la calle recién asfaltada y limpia, darme vuelta y no sentir ese sobrecogimiento que se siente cuando las cosas nos abandonan -o peor aún- cuando nos encuentran a la vuelta de la esquina. Había pensado entonces desnudarme y saltar al vacío, llenarme la boca de flores, de incertidumbres. De esto. Soltar el juego de palabras fosforescentes que tenía entre mis manos y comenzar a jugarlo. Así, tan viva, tan rodeada de claridad y voz ronca. Había pensado entonces amar con ferocidad, con desolada confusión, como una intrusa de cara yerta, apenas palpable por el tiempo. Pero lo que no había podido ni siquiera imaginar... Era el alboroto del viento anunciando la llegada irrefrenable de la soledad. El viento. Siempre el viento solapando un lado del corazón. El más negro, el más pútrido, el más enfermo.
No hay que llorar porque las plantas crecen en tu balcón, no hay que estar triste si una vez más la rubia carrera de las nubes te reitera lo inmóvil, ese permanecer en tanta fuga. Porque la nube estará ahí, constante en su inconstancia cuando tú, cuando yo -pero por qué nombrar el polvo y la ceniza. Sí, nos equivocábamos creyendo que el paso por el día era lo efímero, el agua que resbala por las hojas hasta hundirse en la tierra.
Sólo dura lo efímero, esa estúpida planta que ignora la tortuga, esa blanda tortuga que tantea en la eternidad con ojos huecos, y el sonido sin música, la palabra sin canto, la cópula sin grito de agonía, las torres del maíz, los ciegos montes. Nosotros, maniatados a una conciencia que es el tiempo, no nos movemos del terror y la delicia, y sus verdugos delicadamente nos arrancan los párpados para dejarnos ver sin tregua cómo crecen las plantas del balcón, cómo corren las nubes al futuro.
¿Qué quiere decir esto? Nada, una taza de té. No hay drama en el murmullo, y tú eres la silueta de papel que las tijeras van salvando de lo informe: oh vanidad de creer que se nace o se muere, cuando lo único real es el hueco que queda en el papel, el gólem que nos sigue sollozando en sueños y en olvido.
Lo palpable lo mórbido el conco fondo ardido los tanturbios las tensas sondas hondas los reflujos las ondas de la carne y sus pistilos núbiles contráctiles y sus anexos nidos los languiformes férvidos subsobornos innúmeros del tacto su mosto azul desnudo cada veta cada vena del sueño del eco de la sangre las somnilocuas noches del alto croar celeste que nos animabisman el soliloquio vértigo cuanto adhiere sin costas al fluir el pulso al rojo cosmogozo y sus vaciados rostros y sus cauces hasta morder la tierra lo ignoto noto combo el ver del ser lo ososo los impactos del pasmo de más cuerda cualquier estar en llaga los dones dados donde se internieblan las órbitas los sorbos de la euforia cualquier velar velado con atento esqueleto que se piensa la estéril lela estela el microazar del germen del móvil del encuentro los entonces ya prófugos la busca en sí gratuita los mititos hasta ingerir la tierra todo modo poroso el pozo lato solo del foso inmerso adentro la sed de sed sectaria los finitos abrazos toda boca lo tanto el amor terco a todo el amormor pleamante en colmo brote totem de amor de amor la lacra amor gorgóneo médium olavecabracobra deliquio erecto entero que ulululululula y arpeialibaraña el ego soplo centro hasta exhalar la tierra con sus astroides trinos sus especies y multillamas lenguas y excrecreencias sus buzos lazo lares de complejos incestos entre huesos corrientes sin desagües sus convecinos muertos de memoria su luz de mies desnuda sus axilas de siesta y su giro hondo lodo no menos menos que otros afines cogirantes hasta el destete enteco hasta el destente neutro hasta morirla
Me moriré en París con aguacero, un día del cual tengo ya el recuerdo. Me moriré en París -y no me corro- talvez un jueves, como es hoy de otoño.
Jueves será, porque hoy, jueves, que proso estos versos, los húmeros me he puesto a la mala y, jamas como hoy, me he vuelto, con todo mi camino, a verme solo.
César Vallejo ha muerto, le pegaban todos sin que él les haga nada; le daban duro con un palo y duro
también con una soga; son testigos los días jueves y los huesos húmeros, la soledad, la lluvia, los caminos…
Se trata cósmicos de ser más fértiles,
de no ser tímidos, de ser más trópicos,
de ir a lo pálido, volverlo térmico,
sentirse prójimo de lo más lúdico,
con verdes lápices trazar el ámbito
de lo que mágico rompe los límites,
buscar lo hidráulico de lo volcánico,
librar la métrica, cambiar de sílabas.
Y con elásticas formas anárquicas
tocar lo afónico que suene homérico,
fundar metáforas, crear la hipótesis
de que lo asmático se vuelva oxígeno.
Situar la brújula al sur paupérrimo,
armar las síncopas contra los déspotas,
cambiar la tónica por una séptima,
tocar en triángulo sones esféricos.
Y a los dogmáticos tan poco orgásmicos,
casi ni eróticos de ser tan púdicos,
a esos acríticos de sesgo andrógino
decirles ”gélidos, no sean retrógrados”.
Y con armónicos cantar bien nítido
contra lo frígido luchando tórridos,
con armas múltiples llamando cálidos
fondos oceánicos de lo más lúbrico.
El ritmo cíclico del vals esdrújulo
es cual la sístole que va a la diástole,
todo cardíaco de andar eufórico,
nada presbítero, más bien sacrílego.
Amando nínfulas que sueñan grávidas,
el vals acróbata cruza los vértices
llamando gráciles criaturas prístinas,
seres prolíficos de lo aún inédito.
Y a los arácnidos volverlos líricos
y a sus ejércitos juzgarlos rápido
mediante un árbitro de juicio ecuánime
que encierre en cárceles impunes pérfidos.
Y los políticos de gesto tránsfuga,
los impertérritos, los siempre cómplices
caerán patéticos en lo espasmódico
cuando lo enérgico les corte el tránsito.
Con lo poético del vals arrítmico,
que está en lo crítico de sus propósitos,
no pueden síncopes ni golpes fúnebres,
ni es por patíbulos que quede acéfalo.
Ni es por trifásicas que olvide históricas
luchas titánicas por lo inalámbrico,
por lo que ubérrimo se alza eufórico
y anuncia próximos cambios históricos.
Cuando el pobrísimo tome las cúpulas
y los famélicos tomen las Áfricas
y los indígenas tierra amazónica
y los mecánicos tomen las fábricas
y los utópicos salgan del prólogo
y los daltónicos pinten lo nítido
y los chuequísimos bailen de júbilo
ya lo terrícola será libérrimo
cual ritmo cíclico de un canto esdrújulo.
Sin poder dormir me voy volviendo un niño otra vez, las noches no pasan tranquilas Yo me quedo mirando el espejo que pegado en mi pared me llama con complicidad Me tira un pedazo de sueño para engañarme, para llevarme del otro lado Me doy cuenta de su astucia y de inmediato retrocedo Pero en el aire siento un olor a tristeza quemada, a llanto de muñeca sin consolar El temblor del tiempo traspasa mi cuerpo
Siento llenarme el alma de hojas azules, de pétalos dorados
Pero esta noche me seca la garganta, me la estruja hasta sacarme la última gota de saliva Un millón de mariposas me levanta del suelo. Pero es una mentira tan dulce Y el día se viste de silencios… Una procesión de bocas cosidas asiste a su entierro Yo tengo miedo del miedo Miedo del mundo y de sus pájaros Ya no puedo cerrar los ojos otra vez, ya no…
Siento caer a un vacío lleno de formas, de colores, de olores y sabores